El año pasado jugué mucho, y casi siempre acabando con los créditos en la pantalla. Me gusta terminar los juegos, como también me gusta terminar los libros que leo o las series que empiezo. Hasta hace no tanto, me sentía incómodo dejando a medias alguno, no es nada raro diría, por sentir que has perdido el tiempo, que no has obtenido al final el gusto de poder cerrar la historia, o incluso quizá sentirte culpable porque no “has puesto de tu parte” lo suficiente.
Es un tema recurrente este, al fin y al cabo los juegos son cada vez más largos, la vida adulta no lo pone fácil entre la falta de tiempo y la falta de ánimo o energía para según que actividades, y por supuesto existe la tentación de querer jugar a otras cosas más apetecibles. Pero hay un punto en esta casuística que casi nunca se contempla: ¿y si ya no quiero jugar más? Quizá ya he obtenido suficiente de esta obra y no necesito más, porque más no siempre es mejor. No hay factores externos que me empujen fuera del juego, quizá ya estoy “saciado”. ¿Cómo se da este caso? No es fácil de llegar uno mismo al convencimiento de que esta es la realidad, y a veces no eres consciente de que lo mejor quizá sea parar.
Por aclarar, no me refiero a casos de completismo explícito, donde quieres sacarte todos los trofeos o algo así, ni tampoco a juegos online donde no hay un final y tampoco se puede decir que el juego se quede a medias. Estoy pensando exclusivamente en ocasiones donde el juego tiene un inicio y un final, y el camino está claro, tu objetivo era desde el principio jugarlo de forma estándar.
La necesidad de amortizar el tiempo

El primer paso es preguntarse si se es víctima del coste hundido, un condicionante que afecta de forma drásticamente distinta a cada persona. El nivel de infelicidad de ciertas personas al “abandonar” aquello en lo que han puesto empeño puede ser muy alto, y de eso se aprovechan varios patrones de diseño de videojuegos. No hace falta jugar 100 horas, a veces con una décima parte ya sentimos la necesidad de seguir, y es normal, en muchos casos todavía queda mucho juego por ver… aunque en determinados juegos uno debería saber identificar “red flags” por las que no se quiere pasar, y cortar de raíz.
Uno de los juegos que más prematuramente he abandonado fue Days Gone, y la principal razón fue que tanto el planteamiento, como los personajes y el gameplay me causaban rechazo desde el minuto uno. Hay veces que sientes que el juego no tiene nada para ti, aunque no sepas explicarlo del todo, simplemente lo sabes. Puedo tolerar, por ejemplo, personajes “sin personalidad”, es decir, sin personalidad definida, simplemente te la tienes que imaginar; pero me cuesta mucho más aguantar a personajes que son clichés muy marcados o peor, que están muy mal escritos y tienen motivaciones o diálogos immaduros o inverosímiles.
Cuando escribes tú la historia
No todos los juegos me han resultado tan fáciles de abandonar como Days Gone. Un ejemplo muy especial de juego que abandoné muy cerca del final fue Red Dead Redemption 2. Después de abandonarlo y retomarlo dos veces (algo tiene que me hacía volver), llegué a la parte de la historia que transcurre en la ciudad y me enganché de verdad, y más adelante cuando le ocurre “eso” al protagonista… ya sabes cuál va a ser el final. A falta de tres misiones para el final de la aventura de Arthur, dejé de jugar unos días por otras razones… y luego nunca pude volver. Sabiendo lo que iba a pasar en la historia, preferí no presenciarlo y quedarme con el recuerdo que me había quedado. Quizá en otras circunstancias lo hubiese jugado sin más rodeos, pero no en esa época, y estoy a gusto con mi decisión.
Sé que me he dejado varias horas de epílogo por hacer y no tiene mucho sentido abandonar una historia que te gusta, pero no lo puedo evitar. ¿Y qué ocurre cuando todo en el juego te gusta menos la historia? Bueno, se me ocurren varios JRPG que encajan más o menos en esa categoría. Si algo tiene el género es fama en recurrir a las mismas fórmulas y alargar artificialmente la aventura, desgastando progresivamente el entusiasmo del jugador. Por muchos años que pasen, esto no cambia, y parece que además cada vez se valora mejor, ahí tenemos Trails in the Sky 1st o Final Fantasy VII Rebirth.
Y dura, y dura

Este tipo de juegos son los más propensos al “abandono por desgaste”, sea por una mazmorra demasiado larga, una sucesión de misiones cansina o el típico grindeo infame sin el que te vas a chocar contra una pared en un boss. En mi historial tengo, entre otros, Fantasian, Dragon Quest XI y Bravely Default. A grandes rasgos, abandonados por los mismos motivos; una historia que no me engancha, unida a un gameplay que no me entusiasma y tras superar una o varias zonas que odio.
Antes de decidir que quiero abandonarlos, llevo a cabo un ritual. Lo primero que hago es intentar superar la zona en la que estoy, es decir, no dejar a medias la misión o la mazmorra actuales. Hay veces que pasas ese escollo y el juego te lanza algo interesante que te vuelve a enganchar. Si ese no es el caso, entonces guardo la partida al principio de la siguiente zona. La idea es que, si más adelante quiero retomarlo, lo pueda hacer fácilmente.
En ese punto quizá echo un vistazo a ver lo que “está por venir” para ver si me interesa, en alguna guía o vídeo de YouTube, de forma muy superficial para no spoilearme. A menos que vea algo muy llamativo, dejo el juego en pausa durante días. Y de ahí lo que puede pasar, lo que normalmente pasa de hecho, es que los días se convierten en semanas, luego meses y años. Si nunca surge el “cosquilleo” de volver, entonces acepto que mi partida acabó ahí… la historia se queda inconclusa para siempre. Y no pasa nada, muchas historias quedan así de la mano de sus creadores.
El retorno

Ha habido alguna vez en la que he regresado después de haber pasado por este proceso de abandono. Me ocurrió con Dragon Quest Builders y Xenoblade Chronicles. En el primero, sentí la curiosidad por volver tras el anuncio de Xenoblade Chronicles 3, y querer darle otra oportunidad para ver si me enganchaba a una saga… y al final ocurrió, y se ha convertido en una de mis sagas favoritas, aunque sigo considerando el primer juego el peor con diferencia. Con Dragon Quest Builders simplemente un día viendo algo en internet me picó la cosa otra vez, al recordar lo mucho que disfruté durante las primeras horas de la aventura. Mi problema con ese juego simplemente es que estaba saturado, así que lo fui jugando de forma más espaciada y conseguí disfrutarlo muchísimo.
Jugar de forma espaciada (por ejemplo, un capítulo cada dos meses) es un buen antídoto contra el desgaste. No te puedes cansar de algo si te tomas un descanso con frecuencia. No es imprescindible jugar todo de seguido, a menos que sea un argumento muy complejo o un juego que requiera mucha habilidad, de los que hay pocos. Es así como estoy jugando actualmente a Trails in the Sky 1st, tratando de anticiparme al problema, y de momento, la experiencia es buena.

