Vuelvo a hacer una lista de juegos del año, como siempre, con un giro de tuerca para hacerlo un poco más interesante. En lugar de hacer un ránking de mejor a peor, o de asignar juegos a categorías tipo “mejor RPG”, “mejor online”… me gusta más seleccionar aquello que más me ha sorprendido de todo lo que he jugado. En otras palabras, esto no va solo de calidad, sino también del poso que me han dejado.
La mejor historia: Mafia: The Old Country

A estas alturas una historia de mafias no es lo más sorprendente… a menos que sea en los orígenes de La cosa nostra, en Sicilia, a principios del siglo XX. Un juego de carácter muy histórico, que sabe construir un relato basado en los acontecimientos reales de los pueblos de Sicilia alrededor de las minas de azufre, el comercio de limones y la falsificación de dinero, entre otros: los primeros delitos del crimen organizado que más tarde se exportaría a EEUU. Es de estos juegos donde el gameplay es solo un vehículo para la inmersión, donde los personajes son quienes llevan la batuta, con setpieces tremendas. La inspiración que me produjo este juego fue tal que me empujó a aprender sobre la mafia y su historia, algo que ninguna película del Padrino, ni Fargo, ni Los Soprano habían conseguido.
El mejor juego peor valorado: Slave Zero X

Actualmente, Slave Zero X tiene un 68 en opencritic, lo que en general sería una red flag tremenda. Sin embargo, el juego me pareció curioso y visualmente increíble, así que lo compré para probar. Descubrí un juego extraordinario —y probablemente más parcheado de lo que se deduce de los análisis. No solo es muy exigente y gratificante de superar, sino también tiene una apuesta especial en su gameplay, combinando una estructura beat’em up con mecánicas de juego de lucha a lo Guilty Gear. Cuando lo terminé (no sin sufrir), contemplé con perplejidad las valoraciones, sin entender nada.
El mejor juego inexplicable: Kirby Air Riders

Puedo describir y explicar de qué va Air Riders, aunque Masahiro Sakurai ya dedicó casi dos horas a hacerlo en Nintendo Directs. Y aún con todo, resulta imposible expresar por qué este juego es tan abrumadoramente estimulante y entretenido. Ni yo mismo me sé convencer de ello, y sin embargo, sé lo que siento al jugar (con un conteo de media centena de horas que lo atestiguan), una experiencia que además es en gran medida online. Y eso también es raro, porque no suelo jugar online, y cuando lo hago es con una mentalidad ciertamente competitiva… no aquí, en Kirby Air Riders, donde juego porque me lo paso bien y hasta cuando quedo el último, siento que ha valido la pena.
El mejor juego recuperado del limbo: Infinity

Aunque aún no he terminado Infinity —que estoy jugando en el emulador de Game Boy Color con la copia digital proporcionada por el Kickstarter—, no podía no incluirlo en esta lista. Es una sensación indescriptible estar jugando a una obra concebida hace 25 años, y que ha sido continuada y terminada en la actualidad. Sigue siendo un juego de Game Boy Color, con los principios de diseño de finales de los 90 y su correspondiente limitación de una máquina de 8 bits. Los diálogos son simples, el combate es primitivo y la historia no se da mucha importancia a sí misma… exactamente lo que podrías esperar de un juego así, pero lo bueno va también de la mano: una banda sonora chiptune tremenda, un pixel art deliciosamente sencillo y una fórmula RPG clásica y efectiva.
El mejor juego que superó mis expectativas: Silksong

Tener expectativas irracionalmente altas solo lleva a la decepción, es algo que aprendí mientras jugaba ansioso el hypeadísimo Twilight Princess en su lanzamiento. El caso de Silksong es algo distinto porque llevamos tanto tiempo conociendo su existencia que es inevitable perder el hype. Sin embargo, contaba positivamente con que fuese un juego de altísima calidad, pero no que se convirtiese en la obra colosal que ha sido al final. Un juego de una escala gigantesca, que con todo se nota refinado al más mínimo detalle —no, no participo del discurso en contra de su dificultad—, un nuevo hito en exploración de juegos 2D. Y es importante esta aclaración, estamos bastante surtidos en exploración 3D, pero los metroidvania llevan muchos años atados a la misma fórmula, aquella que Silksong también ejecuta, pero lo hace con una majestuosidad asombrosa. Esto no solo es un mundo interconectado, es un universo vivo, con carácter, bien escrito, precioso y horrible a la vez, abrumador y acogedor al mismo tiempo. Es una obra titánica.
El mejor juego en el que perderse: Caves of Qud

Voy a reconocer algo contradictorio desde el principio: he mirado la guía oficial de Caves of Qud para entender cómo se juega. La ausencia total de explicaciones en este juego provoca situaciones extrañas como ni siquiera saber si hay una historia principal o cómo interactuar con algunos elementos básicos del juego. Esa falta de ayuda es también un estímulo muy potente para lanzarte de cabeza y descubrir cosas por ti mismo. Aunque está construido sobre las bases del Rogue original, Caves of Qud ofrece un modo roleplay sin permadeath, lo que permite aprender el juego sin sacrificar cientos de horas de partidas fallidas por el camino. Es así como lo he disfrutado yo, y he podido vivir momentos realmente memorables: como aquella vez que clavé un inyector de amor a un superboss que había a la entrada de una mazmorra para que se convirtiese en mi seguidor durante 5000 turnos—y luego muriese en la quinta planta de la mazmorra—, aquella otra ocasión que me salió un hongo gigante en el brazo, tras aspirar esporas, que podía usar de arma pero no me venía bien en la build y me lo corté a mí mismo de un hachazo. Y cómo olvidar la misión en la que desenmascaré al jefe de la aldea de los centauros, quien había estado aprovechando su estatus para robar y cargar la culpa a dos parias que exilió. Todas estas, y muchas más (las más interesantes serían spoiler), han hilado una historia de descubrimiento y perplejidad a partes iguales que he vivido con fascinación.
El mejor juego recuperado del backlog: Uncharted 2

No soy muy fan de la generación Xbox 360 / PS3, aunque algunos de mis juegos favoritos nacen ahí (Yakuza 0, por ejemplo) siempre me pareció una época con tendencias negativas y demasiado enfocada en el realismo a expensas de otros aspectos. Y sin embargo, me encontrado disfrutando Uncharted 2 (y luego el 3, el 1 y el 4) como no esperaba. No diría que son de mis juegos favoritos, pero me han podido atrapar de una manera especial. Lejos de la seriedad que hoy reina en los AAA, Uncharted (siendo el 2 mi favorito) se regodea en lo inverosímil, lo redondea con diálogos y personajes cómicos bien escritos y tiene un magnetismo que se nota natural y no cuidadosamente calculado, como ocurre con sus hermanos pequeños The Last of Us o cualquier otro juego del mismo estilo posterior (God of War viene a la mente). Esta ligereza que unos dirían de cine palomitero a mí me ha calado como un espíritu muy de videojuego donde lo más importante es llevarte allí donde sea que es divertido, sin preocuparte tanto de tener que contar La Historia Profunda que ahora todos quieren contar.
El mejor juego que me ha roto la cabeza: Baba is You

Cuando llevas muchos años en el hobby crees que ya todo está inventado y lo que te queda por presenciar son iteraciones de las mismas fórmulas o la misma cosa con el sombrero nuevo. Sabía que Baba is You era un juego de puzzle notable, pero he encontrado un universo entero dentro de él, con mecánicas que no sabía que eran posibles y una capacidad salvaje para estrujarte el cerebro. Las reglas de este juego son tan básicas y al mismo tiempo tan complejas que a ratos parece que estés construyendo una máquina de Turing con las “piezas” que te da, que se pueden combinar y manipular de mil formas posibles. Es un puzzle que no solo requiere que seas muy inteligente, sino que tu pensamiento lateral esté muy desarrollado, y si no lo está (como es mi caso), aprenderás a desarrollarlo cuando te quedes atascado y mires la solución.

